¿Es posible el silencio?

  El compositor estadounidense John Cage cuenta en un libro que en cierta ocasión, entró en una cámara anecoica, un recinto de laboratorio diseñado para realizar experimentos en un ambiente en el que no se produce ningún sonido. Si uno habla en el interior, la sensación es la de que las palabras tienen peso y caen desplomadas al suelo.

  Cage escuchó con toda atención y llegó a la conclusión de que, a pesar de todo, oía dos sonidos, uno grave y otro agudo. Cuando preguntó a los científicos, éstos le informaron de que el sonido grave era su propia sangre circulando y el agudo su sistema nervioso en funcionamiento. Cage llegó a la conclusión de que "El silencio no existe".

Anécdota

   Otro músico, el húngaro Liteti, tuvo una ocurrencia. Anunció que iba a dar a conocer una nueva composición suya. Llegó ante el auditorio, se sentó delante de ellos, y se mantuvo en silencio durante todo el tiempo; no dijo una sola palabra, no toco ni una sola nota, pero "si hubo concierto". ¿Adivináis cómo?... ¡Los ruidos que emitían los airados oyentes! Ésa fue la nueva creación sonora de este autor.

 

El silencio en la música

   De la misma manera que un pintor utiliza la paleta de colores para pintar un lienzo en blanco, los músicos combinan los sonidos y los silencios para crear sus obras.

    La música parte del silencio. Se puede observar como, al empezar un concierto, el director prepara el comienzo de una obra con un gesto en el que pide silencio y atención. A partir de esta presencia del silencio, la música puede surgir. Algo muy parecido sucede cuando termina la música, momento en el que podemos escuchar un instante de silencio que recoge y concluye la interpretación. También podemos encontrar el silencio en el transcurso de una obra musical. En este caso, un silencio tendrá significados distintos, que serán para respirar los instrumentistas, o para dar expresividad a la obra.

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