Trasladándonos al fenómeno del sonido, las ondas que provocarían el pedrusco se corresponderían con las de un sonido fuerte, que alcanzaría gran distancia, o lo que es lo mismo, que se escucharía lejos de la fuente de producción: Las ondas de una piedrecilla representarían las de un sonido débil, cuya onda tiene tan poca energía, que apenas será audible a corta distancia.
Estos términos, fuerte y débil, ya son familiares; y están relacionados con la propiedad del sonido llamada intensidad, que, como habrás intuido con los ejemplos del pedrusco y la piedrecilla, depende de la energía comunicada.
Trata de imaginar ahora nuestra pobre membrana del tímpano, que es mucho más delicada que un cristal y que está sometida, en muchas ocasiones, a las agresiones de ondas sonoras de gran energía.