Biografía
Antonio Machado

         

                                              Encima                                                  

"Brotas derecha o torcida

con esa humildad que cede

sólo a la ley de la vida,

que es vivir como se puede"

 

 

¡Qué bien los nombres ponía

quien puso Sierra Morena

a esta serranía!

 

 

Yo escucho los cantos

de viejas cadencias

que los niños cantan

cuando en coro juegan,

y vierten en coro

sus almas que sueñan,

cual vierten sus aguas

las fuentes de piedra.

 

 

Hoy, a tu sombra, quiero

ver estos campos de mi Andalucía

como a la vera ayer del alto Duero

la hermosa tierra de encinar veía.

 

 

¡Oh, Guadalquivir!

Te vi en Cazorla nacer,

hoy en Sanlucar morir.

 

 

¡Torreperogil!

¡Quién fuera una torre,

torre del campo

del Guadalquivir!

 

 

¡Oh, Puerto Real!

con tus casa blancas

para muñecas de rosa,

Puerto Real,

y tus pinos verdes

cerca de la mar!

 

 

Cerca de Úbeda la grande,

cuyos cerros nadie verá,

me iba siguiendo la luna

sobre el olivar.

 

 

Campo, campo, campo.

Entre los olivos,

los cortijos blancos.

 

 

El campo andaluz peinado

por el sol canicular.

De loma en loma rayado

de olivar y de olivar.

 

 

¡Venga Dios a los hogares

y a las almas de esta tierra

de olivares y olivares!

 

Las Cañas de Sanlúcar

Las cañas de Sanlúcar
me gustan a mí
porque me quitan las penas.
Échame un ferrocarril.

Manzanilla en el barco
jugo de la tierra,
que van mareando.

En Jerez de la Frontera,
tormentas de vino blanco.

Para Narcisos, tu calle,
donde al que pasa le dicen:
suba un ratito, Don Nadie.

La Saeta

"¿Quién me presta una escalera,
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazarano?"
Saeta popular


¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

 

Los Olivos

¡Viejos olivos sedientos
bajo el claro sol del día,
olivares polvorientos
del campo de Andalucía!
¡El campo andaluz, peinado
por el sol canicular,
de loma en loma rayado
de olivar y de olivar!
¡Son las tierras
soleadas,
anchas lomas, lueñes sierras
de olivares recamadas!
Mil senderos. Con sus machos,
abrumados de capachos,
van gañanes y arrieros.
¡De la venta del camino
a la puerta, soplan vino
trabucaires bandoleros!
¡Olivares y olivares
de loma en loma prendidos
cual bordados alamares!
¡Olivares coloridos
de una tarde anaranjada;
olivares rebruñidos
bajo la luna argentada!
¡Olivares centelleados
en las tardes cenicientas,
bajo los cielos preñados
de tormentas!...
Olivares, Dios os dé
los eneros
de aguaceros,
los agostos de agua al pie,
los vientos primaverales
vuestras flores recamadas;
y las lluvias otoñales,
vuestras olivas moradas.
Olivar, por cien caminos,
tus olivitas irán
caminando a cien molinos.
Ya darán
trabajo en las alquerías
a gañanes y braceros,
¡oh buenas fuentes sombrías
bajo los anchos sombreros!...
¡Olivar y olivareros,
bosque y raza,
campo y plaza
de los fieles al terruño
y al arado y al molino,
de los que muestran el puño
al Destino,
los benditos labradores,
los bandidos caballeros,
los señores
devotos y matuteros!...
¡Ciudades y caseríos
en la margen de los ríos,
en los pliegues de la sierra!...
¡Venga Dios a los hogares
y a las almas de esta tierra
de olivares y olivares!